Todo nuestro ministerio debe llevarse a cabo con tierno amor por nuestra gente. Debemos dejar que vean que nada nos complace sino lo que les beneficia a ellos; que lo que les hace bien a ellos nos hace bien a nosotros; y que nada nos importa tanto como sus heridas. Debemos sentir por nuestra gente lo que un padre siente por sus hijos; sí, el amor más tierno de una madre no debe superar el nuestro. Debemos sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ellos.
Despierta, perezoso, de tu profundo sueño
¿Entierro o cremación?
Loraine Boettner
¿Cuál es el mejor método de disponer del cuerpo? Podemos decir que al fin de cuentas la forma de disponer del cuerpo no es ningún asunto de vital importancia.
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La justicia engrandece a la nación
George Lawson
La justicia engrandece a la nación,
pero el pecado es afrenta para los pueblos (Prov. 14:34).
Un remedio para la religión decadente
La ética en la medicina (4)
Humildad
Ninguna otra virtud debería distinguir al cristiano tanto como la humildad. Quien quiera ser grande a los ojos de Cristo tiene que fijarse una meta totalmente distinta de la de los fariseos: su objetivo no debe ser gobernar la Iglesia, sino servirla. Con razón dice Baxter que “La grandeza en la Iglesia consiste en ser grandemente servicial”.
La verdadera grandeza cristiana
J.C. Ryle
Observemos el impresionante relato que ofrece nuestro Señor de la verdadera grandeza cristiana. Les dice a sus discípulos que el mundo mide la grandeza según el ejercicio de señorío y autoridad. “Mas no así vosotros—dice—, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve”.
Silencio pecaminoso
“Hay tiempo de hablar y tiempo de callar; si debemos rendir cuentas por cada palabra vana pronunciada, cuidado que no tengamos que responder por los silencios ociosos”.
Esto es algo que dijo un antiguo padre de la Iglesia, hace muchos años. Sus palabras siguen resonando con una nota de exhortación y van dedicadas a la Iglesia de cualquier época, incluida la nuestra. Charles Haddon Spurgeon lo comentó de la manera siguiente: “Se ha escrito un gran número de tratados sobre los pecados de palabra, pero ¿no existen también los pecados de silencio?”.
La santidad cristiana
Quien desee tener una idea adecuada de la santidad cristiana ha de partir del examen de la amplia y extensa cuestión del pecado. Debe cavar muy hondo si desea construir en altura. Un error aquí puede ser sumamente pernicioso: las ideas erróneas con respecto a la santidad suelen tener su origen en ideas erróneas con respecto a la corrupción humana.




