Me apego a tus testimonios;
SEÑOR, no me avergüences.
La vida cristiana comienza con una decisión basada en los principios de creer y obedecer la Palabra de Dios, como confiesa el propio salmista en el versículo anterior: “He escogido el camino de la verdad; he puesto tus ordenanzas delante de mí” (Sal. 119:30). ¡Magnificad la gracia que cambió por primera vez vuestros corazones para hacer esta santa elección, hermanos! Muchos siguen caminando como enemigos de Cristo (cf. Fil. 3:18) y vosotros no sois más dignos del favor de Dios que ellos.