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    La obligación suprema

    Adoración,  Alan Dunn,  Instrucción Ministerial

    Pastor Alan Dunn

    Es un privilegio para mí estar con ustedes esta noche y estudiar juntos la Palabra de Dios.

    Consideraremos el tema de la adoración de nuestro Dios.

    De todas las tareas, de todas las obligaciones, de todas las demandas y presiones que están sobre ustedes a lo largo del curso de la vida, ¿cuál es la más importante?

    ¿Cuál es esa obligación suprema y más importante que destaca sobre todas las demás obligaciones? Quizá muchas cosas comiencen a agolparse en sus mentes; piensan ustedes en la importancia de mantener su salud, en cuidar de sus hijos, en cumplir con las demandas del trabajo y de las responsabilidades de su puesto, o quizá sus mentes tiendan a valores más trascendentes.

    julio 15, 2009 / 0 comentarios
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    Gracia para obedecer con todo mi corazón (Sal. 119:32)

    Meditaciones Salmo 119

    Por el camino de tus mandamientos correré,
    porque tú ensancharás mi corazón (Sal. 119:32).

    La gracia es el favor de Dios, por medio de Cristo, hacia aquellos que no se lo merecen. Necesitamos gracia para convertirnos. Los cristianos son aquellos que han “creído por medio de la gracia” (cf. Hch. 18:27).

    “Fue la gracia la que trajo el temor a mi corazón,
    Y la gracia mis temores quitó;
    Cuán preciosa fue esa gracia
    En el primer momento que creí.1

    Habiéndose convertido, los creyentes siguen dependiendo completamente de la gracia soberana únicamente para poder exhibir la presencia y el ejercicio de cada una de las virtudes, par cada latido santo de su corazón regenerado y cada acción correspondiente al cuerpo. Tenemos una gran necesidad de “seguir en la gracia de Dios” (cf. Hch. 13:43). Por consiguiente, oramos pidiendo gracias para nosotros y los unos para los otros, como Pablo: “Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados” (Hch. 20:32).

    octubre 24, 2006 / 0 comentarios
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    Humilde perseverancia (Sal. 119:31)

    Meditaciones Salmo 119

    Me apego a tus testimonios;
    SEÑOR, no me avergüences.

    La vida cristiana comienza con una decisión basada en los principios de creer y obedecer la Palabra de Dios, como confiesa el propio salmista en el versículo anterior: “He escogido el camino de la verdad; he puesto tus ordenanzas delante de mí” (Sal. 119:30). ¡Magnificad la gracia que cambió por primera vez vuestros corazones para hacer esta santa elección, hermanos! Muchos siguen caminando como enemigos de Cristo (cf. Fil. 3:18) y vosotros no sois más dignos del favor de Dios que ellos.

    octubre 10, 2006 / 0 comentarios
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    Discipulado deliberado (Sal. 119:30)

    Meditaciones Salmo 119

    He escogido el camino de la verdad;
    He puesto tus ordenanzas delante de mí.

    Pensar y vivir como seguidor de Jesucristo implica una decisión muy deliberada y perseverancia intencionada, aunque esas actividades espirituales del alma son fruto de una fe dada por Dios. Los creyentes saben de ellos mismos que “Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito” (Fil. 2:13). Esta verdad no anula la voluntad ni la acción del creyente, sino que la afirma y la capacita. Dios obra en usted el querer (original: intención, deseo) Su beneplácito y, de esta manera, usted realmente lo desea aunque no tuviera ningún anhelo en esa dirección antes de que Él obrara en usted para crear ese deseo. Dios obra en usted para que usted haga (original: trabajar, llevar a cabo) Su beneplácito, y así usted realmente lo hace aún cuando antes no ha tenido éxito en esas buenas obras, antes de que Él actuara en usted para lograrlo.

    septiembre 12, 2006 / 0 comentarios
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    ¡Oh, el camino de la mentira nunca más! (Sal. 119:29)

    Meditaciones Salmo 119

    Quita de mí el camino de la mentira,
    Y en tu bondad concédeme tu ley.

    Todo el mundo miente, o al menos eso es lo que parece. Seguramente todos sufrimos grandes tentaciones de mentir, y algunas veces cedemos a ello. Sin embargo, así como con todos los demás pecados, en esto hay dos tipos de personas. Algunos son esclavos de la mentira y nunca se arrepienten realmente. Deliberadamente y también sin pensar demasiado al respecto, utilizan las mentiras en su vida diaria porque creen que es más fácil y que les aportará más felicidad. Están en paz con la mentira, incluso la defienden como algo correcto y necesario bajo ciertas circunstancias. El otro tipo de personas está orientado hacia la verdad. Odian la mentira incluso cuando están luchando contra este pecado en su propia vida. Una de las armas más importantes de su arsenal contra la mentira es la oración. Por cierto, el primer grupo está perdido (Ap. 2:.8) y solo los verdaderos cristianos están en el segundo.

    agosto 29, 2006 / 0 comentarios
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    Oración en la oscuridad (Sal. 119:28)

    Meditaciones Salmo 119

    De tristeza llora mi alma;
    Fortaléceme conforme a tu palabra (versión Biblia de las Américas)

    Se deshace mi alma de ansiedad;
    Susténtame según tu palabra (versión Reina Valera 1960)

    Los verdaderos cristianos pueden tener el mismo tipo de tristezas que los no creyentes. La religión “happy-clappy (de gozo y palmas)” tan popular hoy en día ha negado esto y fomenta expectativas poco realistas de la experiencia cristiana. Lo que puede sorprender incluso a los creyentes más firmes ya que, en algunos aspectos, los verdaderos cristianos son vulnerables a tristezas más profundas que los inconversos. El puritano Thomas Manton pone especial cuidado en demostrar esto en su sermón sobre nuestro texto:

    Los hijos de Dios están a menudo bajo el ejercicio de tristezas tan profundas y estresantes como no podrán tener nunca las demás personas […] Las razones para esto es 1) sus cargas son mayores (p. ej. tentación, deserción, castigo por los pecados), 2) tienen una mayor sensibilidad de alma que los demás (porque tienen un entendimiento espiritual más claro junto con sentimientos más delicados y tiernos), y 3) tienen más expectativas de bendiciones, y por lo tanto sienten más preocupación por no disfrutarlas.1

    agosto 15, 2006 / 0 comentarios
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    Alabanza inteligente (Sal. 119:27)

    Meditaciones Salmo 119

    Hazme entender el camino de tus preceptos,
    y meditaré en tus maravillas (Sal. 119:27).

    Nuestra generación sufre por un exceso de información y una escasez de meditación profunda. Incluso en medio de tecnologías explosivas y quizás, hasta cierto punto, a causa de éstas hay una fuerte corriente oculta de anti intelectualismo. Sin un arduo esfuerzo para evitar las distracciones crónicas del omnipresente teléfono móvil, emails, iPods, portátiles en zonas WiFi, junto con los demás medios de comunicación más antiguos como la televisión por cable, radio y periódicos podemos sufrir de una sobrecarga de información. Esta anula cualquier tiempo importante y la energía mental para dedicarse a meditar en las cosas profundas de Dios, mientras que nuestra amplia y superficial de incontables cosas triviales nunca ha sido mayor.

    agosto 1, 2006 / 0 comentarios
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    Conversación con Dios (Sal. 119:26)

    Meditaciones Salmo 119

    De mis caminos te conté, y tú me has respondido;
    enséñame tus estatutos (Sal. 119:26).

    La intimidad requiere comunicación. Usted no puede conocer realmente a alguien, y no pueden conocerle a usted profundamente, sin “dialogo”, la forma de hablar de dos sentidos, dar y tomar, de hablar sinceramente y escuchar con atención cada uno con el otro.

    Solo esto constituye la auténtica conversación y en el mundo hay bien poco de esto. a menudo decimos cosas que realmente no pretendemos. A veces nos guardamos nuestros verdaderos pensamientos y sentimientos cuando deberían revelarse. Cuando parece que estamos escuchando, podemos estar planeando que es lo próximo que vamos a decir. Y si llegamos al punto en el que estamos dispuestos a hablar con total honestidad y escuchar con humilde paciencia, ¡qué raro es encontrar a otro que esté dispuesto a hacer lo mismo! ¿Hay alguna duda de que a menudo estamos tan terriblemente separados de los demás, a veces incluso de nuestros familiares más cercanos que viven en la misma casa con nosotros, que nos encontramos profundamente solos?

    julio 25, 2006 / 0 comentarios
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    Mi necesidad y los medios para un avivamiento personal (Sal. 119:25)

    Meditaciones Salmo 119

    Postrada está mi alma en el polvo;
    vivifícame conforme a tu palabra (Sal. 119:25).

    Unas de las evidencias que satisface a los cristianos sinceros acerca de la inspiración divina es su “luz y poder […] para confortar y levantar a los creyentes para salvación” (WLC 4). Cuando se entiende correctamente, la descripción bíblica de lo que significa conocer a Dios de una forma salvadora en la vida real, tener comunión con él y servirle, encaja exactamente con la experiencia de sus lectores en todas partes y en todo lugar. Nacemos de nuevo con una ilusión entusiasmada por nuestra nueva vida con Cristo, y luego sufrimos terriblemente cuando nuestras expectativas poco realistas no se cumplen. Esto nos conduce a menudo de regreso a las Escrituras y, para nuestra sorpresa, encontramos que nuestras propias experiencias no son extrañas, sino muy típicas, incluso en la vida de los santos más eminentes de los que se hace una crónica en el santo registro.

    julio 11, 2006 / 0 comentarios
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    Doble sostén al estar en persecución (Sal. 119:24)

    Meditaciones Salmo 119

    También tus testimonios son mi deleite;
    Ellos son mis consejeros (Sal. 119:24).

    El salmista acaba de testificar sobre las terribles circunstancias a las que se enfrentó: “Príncipes” o gobernantes, gente con poder sobre él humanamente hablando, se “sentaron y hablaron contra” él (119:23), conduciéndole al “oprobio y el desprecio” (119:22). Las palabras hostiles, que proceden especialmente de nuestros superiores (ya sean autoridades civiles, empleados, maestros, padres, etc.), pueden desmoralizarnos y causarnos confusión con respecto a cuál sería nuestra mejor respuesta. Incluso el que es inocente puede sentir una falsa vergüenza, como si hubiera hecho algo terrible, y esto puede provocar un profundo y gran dolor espiritual, sobre todo a aquellos que son más sensibles espiritualmente. Además, saber lo que debemos hacer frente a tales enemigos es mucho más complicado que cuando estamos viviendo cómodamente, en medio de personas piadosas que buscan nuestros mejores intereses. ¿Cómo puede escapar el creyente a esos peligros comunes de ser perseguidos?

    julio 4, 2006 / 0 comentarios
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