Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca (Sal. 119:13). Un eco realmente bueno puede ser una experiencia inolvidable. Los mejores duran mucho...

La predicación no consiste simplemente en explicar un texto bíblico, sino en aplicarlo al corazón y a la vida del pueblo de Dios. El objetivo no es que los oyentes salgan admirando ideas abstractas, sino que respondan a la pregunta: «¿Y ahora qué?». La Palabra debe ser llevada a las circunstancias concretas de la vida para instruir, corregir, consolar y transformar.

Al preparar unas conferencias sobre William Perkins y su teología pastoral, me sumergí en el pensamiento de aquel hombre al que a veces se llama el “padre de los puritanos”. A medida que analizaba la visión de Perkins sobre cómo debía ser un ministro del Evangelio, me sorprendí a mí mismo volviendo una y otra vez, casi sin querer, al ejemplo de Albert N. Martin.

Este es un pecado que, aunque no se pueden ver sus consecuencias a simple vista, como otros pecados tales como la borrachera, la lujuria, la ira y otros más, es igual de dañino (e incluso puede hacer más daño) que otros pecados visibles.

¿Somos todos iguales? ¿Debemos ser todos iguales? Aunque todos amemos y sirvamos a un mismo Señor, ¿debemos ser todos idénticos como robots? Los hombres de Dios del pasado, a quienes Dios tan poderosamente ha utilizado...
Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca (Sal. 119:13). Un eco realmente bueno puede ser una experiencia inolvidable. Los mejores duran mucho...
Bendito tú, OH JEHOVÁ; Enséñame tus estatutos (Sal. 119:12). Una vida de genuina piedad puede resumirse en alabar a Dios y aprender de Él. Estas dos...
En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti (Sal. 119:11). Toda la riqueza de este mundo no puede convertirte en una mejor...
Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos (Sal. 119:10). “Bien está lo que bien acaba.” Este cliché es verdad,...
¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra (Sal. 119:9). Este es el primer versículo de la segunda sección de ocho, y donde...
Tus estatutos guardaré; No me dejes enteramente (Sal. 119:8). El evangelio revela una lógica que desciende del cielo, y que nadie a excepción de los cristianos...
Te alabaré con rectitud de corazón Cuando aprendiere tus justos juicios (Sal. 119:7). Nuestro orgullo desmesurado hace que pensemos que “sabemos” cómo adorar a Dios y,...
Entonces no sería yo avergonzado, Cuando atendiese a todos tus mandamientos (Sal. 119:6). El salmista no sólo es un modelo de lo que deberíamos ser, sino...
Tú has ordenado tus preceptos, para que los guardemos con diligencia (Sal. 119:4). Acabamos de considerar la bienaventuranza de los cristianos devotos, el tema del Sal....
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