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    La perspectiva correcta en cuanto a los no creyentes (Sal. 119:21)

    Meditaciones Salmo 119

    Tú reprendes a los soberbios, los malditos,
    que se desvían de tus mandamientos (Sal. 119:21).

    El cristiano fiel debe tener siempre en mente el verdadero carácter de los que, desde el punto de vista de Dios, son sus enemigos espirituales para poder mantener una oposición justa y vigilante contra ellos y sus principios. Nos enfrentamos a la tentación constante de la frustración porque parecen escapar con sus fechorías y esto puede convertirse en envidia porque parecen incluso más felices y más bendecidos por haber hecho el mal. Sin ejercitar constantemente la fe y sin que nos recuerden el verdadero estado espiritual de las cosas, podemos rendirnos fácilmente a la fuerza de tales axiomas como “haz lo que te haga sentir bien” y “si no puedes con ellos, únete a ellos”. Vea como David se advierte a sí mismo, y a los que le escuchan, contra este tipo de seducción espiritual, por ejemplo en Sal. 37:1-2, 7-9, 16-17, 35-38 y Asaf hace lo mismo en Sal. 73:1-5, 12-13, 16-19, 27-28.

    junio 13, 2006 / 0 comentarios
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    Deseo sagrado (Sal. 119:20)

    Meditaciones Salmo 119

    Quebrantada está mi alma
    Anhelando tus ordenanzas en todo tiempo (Sal. 119:20).

    “Avaricia sagrada” es la impresionante frase que C. H. Spurgeon utilizó en un sermón sobre este versículo (“Holy Longings” [santos anhelos], MTP # 1586), y estaría más justificado que nosotros denomináramos esa misma pasión por nuestro texto inspirado “lujuria sagrada” (Gá. 5:17). Lujuria significa simplemente deseo, pero al tener connotaciones sexuales tan fuertes en el inglés moderno, he elegido “deseo sagrado” como mejor frase descriptiva para este versículo. Puedo captar su atención sin necesidad de ofender su sensibilidad.

    junio 6, 2006 / 0 comentarios
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    La súplica de un forastero (Sal. 119:19)

    Meditaciones Salmo 119

    Peregrino soy en la tierra, no encubras de mí tus mandamientos (Sal. 119:19).

    Para bien o para mal, la imagen de usted mismo afecta a sus oraciones, si ora, y por lo que ora. Los que confían en ellos mismos (es decir, los idólatras) nunca le piden a Dios algo sinceramente o con fervor. Un hombre codicioso se preocupa acerca del futuro y ora para evitar la pobreza. Un hipocondríaco pide mayormente salud. Uno que se ve como un gran pecador por naturaleza ruega constantemente pidiendo perdón y limpieza. El que se siente justo en su propia opinión da gracias por no ser malvado como los demás.

    mayo 23, 2006 / 0 comentarios
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    Sobre la iluminación divina (Sal. 119:18)

    Meditaciones Salmo 119

    Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley (Sal. 119:18).

    Algunas oraciones bíblicas son tan intemporales y generales que los santos las adoptan y se las ofrecen al Señor a lo largo de sus vidas. Así es nuestro texto en este próximo versículo del Salmo 119 que nos enseña a…

    Orar a Dios pidiendo más luz de las Escrituras

    mayo 9, 2006 / 0 comentarios
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    Vida genuinamente abundante (Sal. 119:17)

    Meditaciones Salmo 119

    Haz bien a tu siervo; que viva,
    Y guarde tu palabra (Sal. 119:17).

    La frase “vida abundante” es corriente en el pop-cristianismo; por ejemplo “Centro de Familia Vida Abundante” como nombre para una iglesia o “Ministerios de Vida Abundante” para una organización relacionada con la iglesia. Todos queremos una “vida abundante” de un tipo u otro, de manera que etiquetas como esas van dirigidas a un marketing efectivo. Además, Jesús dijo “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10), pero… ¿qué quería decir exactamente? He ahí la cuestión.

    El evangelio promete muchos beneficios a todo aquel que crea, pero la salud física (2 Ti. 4:20), la riqueza terrenal (2 Co. 8:1), comodidad material (Lucas 12:19-20), un buen trabajo (Mt. 8:20), un matrimonio con éxito (1 Co. 7:15), buenos hijos (Mt. 10:34-35), y estar libre de conflictos (Mt. 10:22) ahora mismo no se encuentran entre ellos (1 Co. 4:11-13; cf. Ro. 8:16-18). Dios concede a las personas (incluso a los no creyentes) algunas de esas bendiciones ahora; incluso en el cielo solo se concederán algunas de ellas, pero son todas bastante secundarias a la vida genuinamente abundante.

    mayo 2, 2006 / 0 comentarios
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    Mi delicia constante (Sal. 119:16)

    Meditaciones Salmo 119

    Me regocijaré en tus estatutos;
    No me olvidaré de tus palabras (Sal. 119:16).

    Como ocurre en las escrituras con muchas de las declaraciones del alma piadosa, este texto presenta inmediatamente un rasgo espiritual compartido, hasta cierto punto, por todos los creyentes verdaderos; así mismo, establece la meta espiritual que debemos buscar fervientemente. Esto es porque el salmista declara tanto su sincero testimonio, como el anhelo de su corazón renovado. Por consiguiente, es útil como prueba de nuestra sinceridad y de exhortación a una madurez espiritual. ¡Meditemos principalmente sobre estos versículos como exhortación!

    abril 25, 2006 / 0 comentarios
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    Ponderando los preceptos de Dios (Sal. 119:15)

    Meditaciones Salmo 119

    En tus mandamientos meditaré;
    Consideraré tus caminos (Sal. 119:15).

    La devoción bíblica incluye una vida de reverente contemplación o meditación, con la atención fijada sobre las palabras exactas de las Escrituras. Dios le llama para esto, cualquiera que sea su inteligencia, su personalidad o sus circunstancias particulares.

    Algunas comunidades como los pobres urbanos o los pobres sureños tienden, por lo general, a desdeñar la importancia de la educación. La fuerte presión social obra contra los individuos que se convertirían en buenos estudiantes, alcanzarían notas altas, irían a la universidad y conseguirían títulos superiores; esta desaprobación general desalienta a muchos a la hora de romper con los moldes de sus comunidades.

    abril 18, 2006 / 0 comentarios
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    Regocijarse al estílo bíblico (Sal. 119:14)

    Meditaciones Salmo 119

    Me he regocijado en el camino de tus testimonios
    Más que de toda riqueza (Sal. 119:14).

    Todos amamos ciertas cosas y odiamos otras, y nuestro estado de ánimo varía en base a la interacción que tengamos con ellas. El mero recuerdo de estas cosas es suficiente para elevar o deprimir nuestro ánimo. Meditar en cosas que desdeñamos o menospreciamos obra en contra de nuestra felicidad, mientras que ponderar nuestras cosas favoritas nos produce placer. ¿Recuerde a María cuando cantaba “Mis cosas favoritas” en “Sonrisas y Lágrimas”? Las mismas cosas que enfurecen a una persona pueden agradarle a otra, y viceversa. Todo depende de la manera en la que cada uno valore lo bueno y lo malo, lo hermoso o lo feo, lo valioso y lo que no vale nada, lo útil y lo perjudicial. Cuando los objetos provocadores son cosas de la esfera espiritual y moral, nuestro carácter espiritual y moral más íntimo queda revelado por nuestra respuesta hacia ellas.

    Aquí, el salmista da testimonio de lo que le hacía más feliz y, por deducción, lo que también debería despertar nuestro entusiasmo.

    abril 11, 2006 / 0 comentarios
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    El eco de la fe (Sal. 119:13)

    Meditaciones Salmo 119

    Con mis labios he contado
    todos los juicios de tu boca (Sal. 119:13).

    Un eco realmente bueno puede ser una experiencia inolvidable. Los mejores duran mucho y tienen una alta fidelidad. El fenómeno físico implica que usted envía ondas de sonido, típicamente una palabra o frase, y éstas vuelvan de nuevo a usted. Los ecos necesitan un entorno adecuado; las condiciones apropiadas para producir el efecto deseado son inusuales, como en una cueva o en un estadio vacío. Generalmente nuestras voces se suelen perder sin ningún retorno.

    abril 4, 2006 / 0 comentarios
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    Adoración y discipulado (Sal. 119:12)

    Meditaciones Salmo 119

    Bendito tú, OH JEHOVÁ; Enséñame tus estatutos (Sal. 119:12).

    Una vida de genuina piedad puede resumirse en alabar a Dios y aprender de Él. Estas dos cosas son mutuamente simbióticas: crecen juntas y se necesitan la una a la otra. Un ejemplo famoso es el chorlito egipcio y el cocodrilo. Al pájaro le encanta comer los pequeños parásitos del cocodrilo, y éste lo aprecia tanto que abre sus fauces y deja que el ave cace en ellas. Este pajarito que mora en el cocodrilo disfruta de un lugar seguro; pocos de sus depredadores se atreverían acercarse a esta percha feroz. De esta manera, el ave y el cocodrilo viven felices juntos, sacando provecho y dependiendo1 el uno del otro.

    Así ocurre cuando alabamos y aprendemos de Dios. A medida que el alma se eleva y contempla las glorias de su Dios, va dando rienda suelta a la alabanza de esa gloria de manera que es inducida a sentir más hambre de Su auto-revelación verbal y Su voluntad manifestada para los santos. De la misma manera, cuando el alma es genuinamente enseñada por Dios, no solo instruida por los hombres, su verdadero conocimiento de Él produce la apremiante urgencia de alabarle. Donde no hay un corazón para la adoración, existe una correspondiente apatía para aprender Sus estatutos, y nadie podrá desarrollar una disposición para alabar si no es aprendiendo de ellos.

    marzo 28, 2006 / 0 comentarios
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