Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y El mismo no tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte (Stg 1:13-15).
Cómo vencer la lujuria I
En la actualidad, las tentaciones a la lujuria son cada vez más abundantes. La proliferación de la pornografía en internet, por ejemplo, se ha vuelto tan común que ha empezado a insensibilizar los sentidos de las personas con respecto a la gravedad de la lujuria en el corazón. Aunque muchos solteros creen que el matrimonio es la respuesta a la lujuria, no se dan cuenta de que llevar al matrimonio sus deseos sexuales distorsionados destruirá el matrimonio mucho antes de sanar esa lujuria.
La vigilancia del ministro
En su primer discurso a sus estudiantes, el pastor Charles Spurgeon abordó el tema de ‘la vigilancia que el ministro debe tener de sí mismo’. El así llamado “Príncipe de los Predicadores” experimentó no solo un gran éxito público, sino que con frecuencia habló apasionadamente de la vida privada que era el manantial de tal poder público.
La Lucha de Spurgeon Contra la Degradación de la Iglesia
En 1865 Charles Spurgeon comenzó una revista titulada «The Sword and the Trowel» (en español «La Espada y la Palustre»). El nombre «La espada y el Palustre» se basaba en Nehemías 4:17-18 donde se relata cómo los Israelitas edificaban los muros de Jerusalén a la vez que peleaban contra los enemigos de la obra, después de la cautividad en días de Nehemías.
Revista Fundamentos: La importancia de la sana doctrina
Vivimos en una era marcada por el relativismo moral, el misticismo, la religiosidad y el humanismo, donde el valor de la novedad va en aumento y el desprecio a las verdades absolutas se extiende velozmente. En tiempos de tanta incertidumbre y escepticismo, cuán necesario es volver nuestra mirada al fundamento inmutable de la Palabra de Dios. El único fundamento para no sucumbir ante la esclavitud de nuestros propios pensamientos y ante los vaivenes del mundo, es volvernos y apoyarnos en las Sagradas Escrituras. Los tiempos pueden cambiar, pero la Palabra de Dios permanece para siempre.
La gloria de Dios
Está claro que nosotros no aumentamos la gloria divina. La gloria de Dios es la esencia de quién es Él. Al igual que la luz es esencial para el sol, la gloria es la esencia del ser de Dios. En Hechos 7:2, Esteban lo llamó: «El Dios de gloria». Su gloria es singular, tal como el Señor mismo afirmó en Isaías 48:11: «Mi gloria, pues, no la daré a otro».
La excelencia del privilegio
Esto es como la vara de Jacob en la mano de la fe, con la cual podemos caminar alegremente al monte de Dios. ¿Qué nos puede satisfacer o contentar sino esto? Todas las cosas obran para bien. Esta expresión “ayudan a bien” se refiere a la medicina. Varios ingredientes venenosos, habilidosamente mezclados por el farmacéutico, forman una excelente medicina y cooperan para el bien del paciente. De la misma manera, todas las acciones providenciales de Dios, al estar divinamente mezcladas y santificadas, cooperan para el máximo bien de los santos.
La certeza del privilegio
Si toda la Escritura es un banquete para el alma, como dijo Ambrosio, entonces Romanos 8 puede ser un plato de ese banquete, y con su agradable variedad puede refrescar y animar muchísimo los corazones del pueblo de Dios. En los versículos precedentes el apóstol había estado vadeando las grandes doctrinas de la justificación y la adopción, unos misterios tan arduos y profundos que, sin la ayuda y la dirección del Espíritu, le habrían resultado inasequibles.
Todas las cosas ayudan para bien
Hay dos cosas que siempre he considerado difíciles. Una de ellas es entristecer a los inicuos; la otra es alegrar a los piadosos. El desánimo en los piadosos tiene un origen doble: o bien se debe a que sus motivos internos de consuelo se ven enturbiados, o bien a que sus motivos externos de consuelo se ven perturbados. El objeto de esta obra es poner remedio a ambos problemas, esperando que, mediante la bendición de Dios, anime sus desalentados corazones, y les haga ver las cosas desde una perspectiva más halagüeña.
La Biblia es suficiente para santificación
La Biblia no solo es todo lo que necesitamos para ser salvos, sino que también es suficiente para hacer que el creyente sea “perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:17). La palabra traducida “perfecto” y la palabra traducida “preparado” son formas diferentes del mismo término que comunica la idea de estar perfectamente capacitado para una tarea.