Como cristianos sabemos que el mundo, tal y como lo vemos, contiene vestigios de la gloria de Dios que brillan a través de la corrupción de un universo arruinado por el pecado. Sin embargo, se nos recuerda constantemente que todo el universo gime bajo la carga de la pecaminosidad humana.
La experiencia que tenemos del mundo requiere que percibamos aquellas cosas que no son como deberían ser. No estamos experimentando ese mundo de inmaculada bendición que nos revelan los dos primeros capítulos del libro de Génesis. Al contrario. Estamos experimentando un mundo lleno de mosquitos, todo tipo de virus, terremotos y malevolencia en el mundo animal. La evidencia de la muerte y la decadencia nos rodean y podemos verlo en nuestro propio cuerpo.





Arnold Dallimore


