Hace unos cuantos años, algunos caballeros que se preparaban juntos para el ministerio se interesaron por averiguar qué proporción de los integrantes de su grupo tenían madres piadosas.
Quedaron gratamente sorprendidos al descubrir que, de ciento veinte estudiantes, más de cien habían acudido al Salvador llevados de la mano por las oraciones de su madre y guiados por sus consejos.
Aunque algunos de estos hombres se habían rebelado contra todas las normas del hogar y, como el hijo pródigo, habían vagado en el pecado y el dolor, con todo, no habían podido olvidar las huellas de su infancia y, al final, fueron llevados al Salvador, para gozo y bendición de sus respectivas madres.









