George Lawson
No seas sabio a tus propios ojos, teme al SEÑOR y apártate del mal (Proverbios 3:7).
El hombre vano se juzga sabio, aunque cuando nace es tan ignorante como un “pollino de asno montés” (cf. Job 11:12). El mundo está lleno de hombres sabios, o que dicen serlo; pero no podemos ser verdaderamente sabios a menos que nos hagamos necios, renunciando completamente a depender de nuestra propia inteligencia y confiando con humildad en el Señor para que nos proporcione la sabiduría que necesitamos para iluminar nuestras mentes y dirigir nuestros caminos.







